Cinco
amigos. Dos parejas y un fumado. Un
fin de semana. Una caravana sin gasolina y una cabaña en el bosque.
Antes
de entrar a la sala, la película ya te avisa: Crees que conoces la historia.
Y, a simple vista, el argumento establecido no da pie a pensar mucho más:
tediosa historia de cinco universitarios que se van a la típica casita de
madera en mitad de un siniestro bosque. El mismo guión que tanto nos recuerda a
sagas como Evil Dead, Cabin Fever, Mamá o Viernes 13. De
hecho, podríamos considerar La cabaña en el bosque como un remake
de todas ellas. Pero, en ese caso, hablaremos de un remake con una calidad e
inteligencia inigualables.
Pánico
estratégico y ganas de pensar
Desde
el primer segundo de película te sientes fuera de lugar. Desde el primer
segundo de película se muestra como un filme
que rompe los esquemas y el prejuicio establecido ante un argumento tan
común. Desde el primer segundo de película se adivina la maestría de Joss Whedon y Drew Goddard, co-directores de La
cabaña en el bosque.
A
medida que avanza, la espeluznante estrategia que rige la película empieza a
vislumbrarse y nos hacen cómplices de una historia que podemos identificar en
nuestra propia actualidad. La frialdad, el pánico, la planificación y el toque
cómico – lejos del humor americano – son sus armas clave. Whedon y Goddard han
sabido configurar la historia para darle el toque brillante y necesario que le
hacía falta ya no sólo a la trama, sino al propio género. Una vuelta de tuerca
que consigue, de una forma indirecta, la tensión y el horror del público, acostumbrado
ya a la no sorpresa y al aburrimiento del terror.

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