lunes, 2 de diciembre de 2013

Nueva lección al género de terror


Cinco amigos. Dos parejas y un fumado. Un fin de semana. Una caravana sin gasolina y una cabaña en el bosque.
Antes de entrar a la sala, la película ya te avisa: Crees que conoces la historia. Y, a simple vista, el argumento establecido no da pie a pensar mucho más: tediosa historia de cinco universitarios que se van a la típica casita de madera en mitad de un siniestro bosque. El mismo guión que tanto nos recuerda a sagas como Evil Dead, Cabin Fever, Mamá o Viernes 13. De hecho, podríamos considerar La cabaña en el bosque como un remake de todas ellas. Pero, en ese caso, hablaremos de un remake con una calidad e inteligencia inigualables.
Pánico estratégico y ganas de pensar
Desde el primer segundo de película te sientes fuera de lugar. Desde el primer segundo de película se muestra como un filme que rompe los esquemas y el prejuicio establecido ante un argumento tan común. Desde el primer segundo de película se adivina la maestría de Joss Whedon y Drew Goddard, co-directores de La cabaña en el bosque.
A medida que avanza, la espeluznante estrategia que rige la película empieza a vislumbrarse y nos hacen cómplices de una historia que podemos identificar en nuestra propia actualidad. La frialdad, el pánico, la planificación y el toque cómico – lejos del humor americano – son sus armas clave. Whedon y Goddard han sabido configurar la historia para darle el toque brillante y necesario que le hacía falta ya no sólo a la trama, sino al propio género. Una vuelta de tuerca que consigue, de una forma indirecta, la tensión y el horror del público, acostumbrado ya a la no sorpresa y al aburrimiento del terror.

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